domingo, 27 de julio de 2008

Libros cómplices

Hoy A. me ha traído un regalo por mi santo, un libro que ya he leído, pero que me alegra mucho que el también haya leído. A. es mi sobrino y comenzó sus veinte años hace muy poco. El libro en cuestión es Los girasoles ciegos, del que creo haber hablado aquí y que me impresionó mucho hace ya algunos meses. Me aterra ahora el hecho de que esté a punto de estrenarse la película: puede ser tan terriblemente lacrimógena como para hacer a su autor revolverse en la tumba.
Sé poco de su autor, solo que fue de los que perdieron la guerra de una forma supuestamente incruenta, pero hermosamente latente. Las historias de los derrotados permanecieron en él, que fue avanzando con el país y con su olvido necesario, sin dejar por ello de sentir las historias terribles de forma oculta y subterránea, con enorme dignidad.
Es esa dignidad la que temo que este en entredicho con la película. Me imagino una catarsis de sala de cine que no añade nada a las cuatro historias que narra este libro, tan hermosamente tremendas.
Cuando dije ayer que no sabía que futuro nos espera, pensando en nuestros niños, no me refería a A. Él sabe que para oírnos a todos los que vivimos antes que él tiene los libros y tiene el oído muy atento.
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